lunes, diciembre 24, 2012

Lazos de sangre - Cap 12


Me había enamorado de mi hermano.
Me llevó algo más que un simple pestañeo desembarazar mis pensamientos. Tuve que tomar aire, comenzar a caminar en círculos por el granero y luego mierda, mierda… Sólo ¡Mierda!
—¿Te sientes bien? —preguntó Gio preocupado, nada salvo confusión bailando en su rostro.
¿Qué demonios andaba mal conmigo? Aparte de lo obvio, claro, quiero decir. ¿Cómo podían pasar tantas ideas idiotas por mi mente?
Sacudí mi cabeza y di dos pasos hacia atrás, lejos de él, lejos de la vergüenza.
¿Enamorada de Gio? En serio, ¿se podía estar más loco?
Esto era absurdo, estúpido, aberrante, por no decir asqueroso y aún así mi corazón no dejaba de latir, de torturarme.
—Sí —balbuceé, luego para intentar salvarme añadí—, mejor que nunca —era una soberana mentira, me sentía como un monstruo.
Maldito Paolo, esto era su culpa. Claro, estaba tan obsesionada en no encapricharme con él, en no quererlo, que ahora mi inconsciente se había hecho la idea de que tenía que obsesionarme con otra persona y como lo mío parecían ser los imposibles, ¿qué mejor que mi hermano, verdad?
Nueve años sin vernos, y aquí vemos los resultados, me volví una desquiciada.
Gio no pareció creerme, no me importó, todo lo que quería era llevarme las manos a la cara y arrancármela por la vergüenza.


***
El lunes llegó, y con él la llegada de tío Alessandro. Para mi sorpresa, no llegó solo. Tía Hilda, su esposo Mateo y los hijos de ambos: Antonio y Giulia, lo acompañaban. Aunque, para ser sincera, daba la impresión que venían como guardaespaldas en lugar de una simple visita familiar.
Tío Alex era una copia de papá con cinco años menos. Su cabello no había recibido aún el castigo de las canas y su boca parecía haber conocido días mejores, daba la impresión de haber reído mucho y por alguna razón esa mueca cruel de sus labios me resultaba artificial.
En cuanto Clara abrió la puerta, él entró a casa con una rapidez vertiginosa y se encerró en la habitación que ésta le había preparado, no sin antes saludaros a mi hermano y a  mí. Un escueto «hola», que incluía beso en ambas mejillas y un apretón de manos en el caso de Gio,
Tío Alessandro era un misterio para mí, no usaba muletas ni silla de ruedas, tampoco parecía tener problemas mentales y claramente era capaz de hablar, por la forma en que nos saludó a Gio y a mí, pero aún así daba la impresión de que estaba más muerto que vivo.
Sus ojos, esos ojos verdes como los de papá, mi hermano, incluso los míos, esa mirada desesperada daba a entender que había vivido un infierno y que aún no salía de él
A diferencia de papá, la tía Hilda nunca fue cercana al abuelo. Vale, ninguno de los hermanos lo era, pero papá vivía con el abuelo así que debía significar algo…
Además, hay que añadir que la tía era mujer y por mucho que yo adore al abuelo, él siempre fue un machista y dado que papá fue el único que cumplió con la misión de preservar el apellido Monetti —porque el tío Alessando jamás se casó—, no encontró mejor premio que cederle su casa, tierras y propiedades. Y conste, esto lo hizo en vida, no tiene nada que ver con la herencia que dejó tras su muerte, de la cual nos hizo beneficiarios a papá, Gio y yo, ni Tony ni Giulia recibieron un peso, ni siquiera la tía Hilda. Lo que explicaba porque nos miraban ahora con cara de perro rabioso.
Mientras el resto se saludaba, Giulia y yo nos ofrecimos a poner la mesa. En realidad, lo hizo ella, pero mamá me forzó a seguirla porque no correspondía que las visitas ayudaran con el servicio. Sabía que si no lo hacía yo mamá se lo ordenaría a Clara y la pobre ya tenía suficiente trabajo dado que Elena seguía sin aparecer, lo que comenzaba a preocuparme.
Estábamos acomodando las copas cuando Giulia alzó el rostro y sus enormes ojos verdes se abrieron absortos. Mi prima tenía el cabello oscuro como el mío, pero lo usaba corto como un chico y el peinado en punta le daba un aspecto rudo, además el piercing en su oreja no ayudaba mucho.
Me giré hacia la derecha donde parecía tener concentrada su atención y menuda sorpresa me llevé cuando vi a Gio recostando su cabeza en el borde de la puerta, observándonos con  sus brazos cruzados y una sonrisa socarrona en la boca.
Esperaba que el saliera con sus clásicos «¿necesitan ayuda?», pero en lugar de eso negó risueño, como si tuviera una broma secreta y yo me perdiera de algo grande, y se perdió en el fondo del pasillo, rumbo a la cocina.
—Vaya… —Giulia dejó salir un silbido—, él está bastante…
—¿Viejo?
—De hecho, iba a decir atractivo.
—¡Es tu primo! —le recordé más molesta de lo debido.
—Tú lo has dicho "primo", no hermano, apenas compartimos sangre. Además, ¡qué rayos! Tengo ojos, no estoy ciega… Mierda, ahí viene Gio otra vez. ¿Cómo me veo?
—Horrible.
***
El almuerzo se hizo eterno, sobre todo porque tío Alex rechazó la bandeja que Clara le subió a la habitación, su reticencia a comer nos dejó tensos a todos, así que los primos nos fuimos a la sala de estar para platicar o mejor dicho, dejar que los más viejos arreglaran su mierda.
—¿Dónde está el baño? —preguntó Giulia, interrumpiendo la plática de mi mellizo y Antonio
—Al fondo a la derecha —respondió mi hermano girándose de nuevo hacia Antonio, estaba tratando de sacarle información sobre el estado del tío.
Nuestra casa era grande, así que no me sorprendió cuando Giulia enarcó una ceja con escepticismo.
Mi hermano suspiró y se encogió de hombros antes de ofrecerse a guiarla, como ella era nueve años menor que su hermano, es imposible que recordara las habitaciones de esta casa.
Habían pasado más de 12 años desde la última vez que pisaron nuestra casa y en el funeral, ninguno de ellos se molestó en siquiera llamar por teléfono.
Los minutos pasaron y Gio no regresaba, como me ponía nerviosa estar a solas con Antonio, subí hasta el segundo piso y me encerré en la comodidad de mi cuarto, el único lugar seguro, además del granero.
Apoyé la cabeza contra la puerta y suspiré, intentando alejar las imágenes de Gio y Giulia enrollándose en el baño.
Desde el incidente, como me gustaba llamar a mi locura momentánea cuando me creí enamorada de Gio, había visitado el sitio en dos ocasiones, cada vez mejor que la anterior.
Me gustaba pensar en eso como una respuesta desesperada de mi cuerpo por explicarse los sucesos que mi cerebro era incapaz de entender. Incluso estuve averiguando, dado que Gio y yo habíamos compartido matriz, no era de extrañarse que desarrolláramos una dependencia el uno del otro.
«Es perfectamente normal», me repetí mentalmente como si se tratara de un mantra. Había estado coreándolo las últimas cuarenta y ocho horas, pero no parecía ayudar.
Alcé los ojos que permanecían mirando el buró. El portarretratos de madera finamente tallada me mostraba una imagen de mi hermano sonriendo, conmigo a su lado, su eterna cómplice. Así era, así es cómo debía ser.
En ese entonces ambos parecíamos felices.
Estiré el brazo y tomé el marco, abrazándolo contra mi pecho. La imagen mostraba a dos pequeños idénticos llenos de barro, sonrientes después de haber dado su merecido al primo Tony y a sus amigos.
El «primo Tony», esperaba solo abajo, los gemelos hoy no se parecían en absoluto. Nada era como antes y aún así, parecía ser lo mismo.
Sangre, todo lo determinaba tu sangre.
Alguien golpeó la puerta de mi habitación y el retrato que tenía en mis manos resbaló por la sorpresa.
—¿Quién es?
—Soy Tony ¿Podemos hablar?
Tragué, nunca en los años que tengo de vida he logrado mantener una conversación amistosa con Tony.
—Estoy cansada, voy a dormir… Tal vez mañana.
—Nos iremos hoy —dijo haciendo sonar la puerta.
—De todos modos, quiero dormir.
—¿A las cuatro de la tarde?
Tragué, no podía ser tan obvia, así que me armé de valor y traté de formular una respuesta que me hiciera lucir menos cobarde.
—Está bien, pero me pondré algo más cómodo, espérame abajo.
—Bueno, date prisa.
Rápidamente me deshice del vestido de seda rojo que mamá me había obligado utilizar, porque según ella contrastaba con mi piel e iluminaba mis ojos, y me calcé un pantalón de mezclilla y un peto azul claro. Anudé mi pelo en una coleta y recé porque Giovanni estuviera en algún lugar cercano.
Tal y como me temía, Antonio me estaba esperando al pie de la escalera. Los adultos seguían platicando en el comedor y Gio no parecía estar en ningún lado. Maldito, mil veces maldito.
¿En serio se había dejado embaucar por Giulia? ¡Era su prima!
—¿No te parece ridículo esto? —soltó Antonio de repente, habíamos caminado alrededor de la hacienda en un silencio incómodo durante minutos.
—¿Qué?
—Todo, tú y yo odiándonos sin razón aparente, tú hermano y la mía perdidos en quizás dónde, haciendo Dios sabrá qué aberración y luego nuestros padres teniendo esta plática de "Adultos" apartados del resto. Quiero decir ¡Tengo veintiséis!
Asentí lentamente, porque no podía hacer otra cosa, sus palabras me habían dejado descolocada. Apenas empezaba a comprender una frase cuando él remataba con otra.
—Además, el tío no está loco, tiene gustos raros, debo decirlo, pero entonces ¿quién no? Esta mierda viene de familia, por generaciones se ha repetido y no podemos hacer nada. ¿No te parece un poco hipócrita de su parte?
Tomé una bocanada de aire, estaba fresco y caliente igual que la piel de mi nuca.
—No te entiendo —me detuve dándome cuenta que estábamos en la esquina que colindaba al norte, en dirección hacia la hacienda de los Berardi, incluso se podía ver el granero. Estábamos demasiado lejos de casa — ¿Gustos raros? Qué quieres decir con eso.
Tony enarcó una ceja y una sonrisa perversa tomó lugar en sus boca, sus ojos verdes se tornaron vidriosos y una oleada de pánico me sacudió cuando el dio un paso en mi dirección.
—¿A ver, Cassandra? —apoyó la mano izquierda en la pared de la casa, apenas unos centímetros por encima de mi hombro—  ¿Estás jugando conmigo?
—¿Qué ha… ces? —balbuceé sin poder evitarlo. Su mano derecha había comenzado a trazar un camino invisible por mi cuello y clavícula, sin llegar a tocarlo.
—Me lavo los dientes —ironizó mientras se llevaba una mano a la bragueta — ¿Qué te parece? —agregó enarcando una ceja mientras se quitaba el palón y lo arrojaba lejos.
Comencé a temblar mientras mi cuerpo se empapaba de sudor frío.
—Vamos, sabes que quieres.
Ipso facto, mis dientes empezaron a castañear y cuando llevó una mano hasta mi cabeza y agarró mi cabello en su puño para olerlo, no pude más y empecé a llorar, lo que sólo sirvió para alimentar su repulsiva fantasía, ya que soltó un suspiro que me puso los pelos de punta, pero no grité.
Estaba siendo tocada, observada y humillada por mi primo ¿Y qué hacía?
Lloraba, claro, pero era un llanto mudo, sin sonido. No podía gritar, ni moverme, nada excepto ver como él se reía a mi costa, igual que años atrás. Siempre riéndose de mí, igual a aquella vez…

El viento fresco de la tarde echaba hacia delante los mechones de pelo de mi coleta. Gio me sujetaba de la mano mientras corría hacia Tony y sus amigos. Él era dos años mayor que nosotros. 
 Llegamos junto a ellos, al final de la calle en la que vivíamos, para acompañarlos hacia el parque, donde se encontraban esos árboles gigantes que permitían escalar sólo a los más valientes. Nuestro primo me miró con una mueca.
— ¿Por qué ha venido ella? — espetó, mirando a mi hermano.
Gio parecía confundido y me miró tratando de encontrar qué andaba mal.
—Es Cassie. — se encogió de hombros mirando a Tony. 
—Es una niña. —contestó él.
—Dijiste que viniéramos. — volvió a insistir Gio. Estuve a punto de echarme a reír, se estaba poniendo muy rojo, comenzaba a desesperarse y se rascaba detrás de la oreja, como cuando algo le impacientaba.
—Dije que tú podías venir, Giovanni. Ella es una niña, que se vaya a jugar con sus muñecas. — ordenó Tony con un grito y me miró con mala cara. Sinceramente, aquello me asustó. Instintivamente me acerqué a mi hermano y él miró a Tony sorprendido.
—Yo no juego con muñecas. — le susurré enfadada, escudándome en Gio.
—No puedes venir. — me dijo mientras los otros niños se reían. Jamás me había sentido apartada; Gio y Tony siempre habían jugado conmigo, no podía entender por qué ahora no quería que les acompañara. Sentí que mis labios formaban un puchero mientras Giovanni me miraba.
—¡Se lo voy a decir a tu madre, Tony! — grité y ellos se rieron aún más.

—¡No se lo voy a decir a tu madre, Tony! —lloré, apartando los recuerdos de mi cabeza mientras trataba de encontrar una salida y evitar lo que parecía inevitable—. Te lo juro, guardaré el secreto, pero por favor no me hagas daño.
—¿Daño? —murmuró contra mi oído antes de besarlo y suspirar— Esto va a encantarte, primita.
—Por favor —sollocé, mientras él levantaba mi peto azul y tomaba uno de mis pechos en sus manos.
Los primeros espasmos de las náuseas comenzaron a llegar, quería vomitar, vomitar encima del bastardo.
¿Por qué mierda no podía gritar, por qué no podía darle un puñetazo y salir corriendo?
«Estúpida, estúpida, estúpida. Mereces que te pase esto. Eres cobarde, no eres nadie»
—Te lo ruego —jadeé cuando él comenzó a desabotonar mi pantalón, la vergüenza y la culpa demoliendo todo atisbo de lucidez en mi cuerpo—, detente.
—La señorita dijo que te detuvieras —escuché que decía un voz grave, molesta y agresiva. En medio de las lágrimas reconocí a su dueño. Estaba de pie, sus manos sucias igual que su cara, todo él olía a uvas y sudor. Paolo traía el cabello negro adherido a su sien por el calor de la tarde y sus ojos grises parecían listos para matar.
Tony se giró hacia él, dispuesto a ordenar que se marchara, pero Paolo no estaba de humor para esperar, mucho menos escuchar. Él levantó el brazo y recién ahí vi una botella de cerveza vacía. Sus ojos me pidieron perdón antes de que la rompiera en el cráneo de mi primo, inmediatamente éste cayó desvanecido en el suelo.
Pasó una eternidad antes de que recuperara la voz y sobre todo, las fuerzas para hablar.
—¿Qué…? —llevé ambas manos a mi cara en un intento por encontrar un ápice de razón, sentido, necesitaba serenarme, necesitaba… pensar— ¿Por qué… por qué lo hiciste?
Paolo dio un paso trémulo hacia mí y automáticamente me encogí, quise retroceder, pero sólo tenía la pared a mi espalda, no tenía salida. Sus ojos claros me dieron una mirada cargada de arrepentimiento antes de girarse hacia el cuerpo y poner las manos en su cuello.
—Tiene pulso, está vivo.
—Paolo…
Ambos saltamos cuando apareció Giovanni en la escena, su pantalón estaba cubierto de pintura y su rostro tenía pizcas de algo entre verde y amarillo.
—¿Dónde has estado? —la rabia que creía olvidada, regresó a mí.
Él abrió sus ojos de una forma que no creí posible, entonces reparé en mi apariencia, mi coleta deshecha, el peto subido, uno de mis pechos al descubierto, el pantalón de mezclilla a medio abrochar.
Giovanni dio un vistazo a mi cuerpo a medio vestir y se llevó una mano a la boca mientras cerraba sus ojos con fuerza, le costaba mirarme, lo entendía, yo misma sentía asco hacia mi persona.
Paolo tragó nervioso cuando los ojos de mi hermano se desviaron hasta el cuerpo inerte de Tony.
—Sal de aquí.
—Lo siento… —empezó a decir Paolo, pero Gio lo interrumpió levantando su palma, para que se detuviera.
—Sal de aquí, rápido, antes de que alguien te vea.
—¡Pero si él no hizo nada! —empecé a hablar en medio del llanto, sin poder creer lo que mi hermano hacía—. Él sólo trató de defenderme.
Mi hermano se acercó hasta Paolo y le dio un abrazo, susurró algo a su oído y él se fue corriendo.
—Vístete —me ordenó sin mirar y se inclinó junto al cuerpo de Tony, comenzó a sacudirlo con una furia asesina, pero éste no respondía.
—Paolo no hizo nada, por si estás pensando…
—¿Crees que no lo sé? —preguntó con la voz rota, sin mirarme, toda su atención puesta en Tony, le dio un golpe con su puño en la boca y de ésta comenzó a brotar sangre igual que su cabeza.
—Despierta, hijo de puta.
—¿Gio, qué estás haciendo?
—Primero, necesito saber hasta dónde llegó.
El temblor de mis manos y dientes había disminuido, pero en cuanto oí su pregunta, regresó.
Como no respondí, Giovanni se giró hacia mí, sin pararse, pero sus ojos verdes, tan similares a los del abuelo, tan diferentes a los de Tony, me lo dijeron todo.
Él era mi hermano, haría lo que fuera mejor para mí.
—¿Te tocó?
Lágrimas, horrendas, gordas y saladas lágrimas se agolparon en mis ojos, nariz, boca, mi cara entera se lleno de ellas. Rápidamente lo tuve sobre mí, junto a mí, en mí, todo su cuerpo escondiéndome de Tony.
—Necesito saberlo Cass, tengo que hacerlo.
 —Él iba… —cerré los ojos esperando que el pánico pasara.
—Respira, Cass sus manos eran excesivamente tiernas mientras acariciaban mi cabeza—, con calma, estoy aquí.
Me dejé caer en el suelo, mi cabeza en la pared, mis manos rodeando mis rodillas y Gio… Siempre Gio, siempre cuidándome, más tarde que temprano, pero de igual modo haciéndolo.
—¿Alcanzó a…?
—¡No! —negué con la cabeza mientras los brazos de Giovanni me envolvían entera— Paolo llegó justo cuando él…
—¡Gracias Dios! —lo escuché murmurar contra mi pelo, mientras su cuerpo emitía una vibración desconocida al soltar un suspiro enorme cargado de angustia e incertidumbre.
Escondió su rostro en mi cabeza mientras mi nariz se perdía en el calor de su cuello, pasé mis manos por sus hombros como si no hubiera un mañana y lo escuché llorar.
—¿Por qué le pediste que se fuera, Gio?
Él me apretó más fuerte.
—Gio, por qué…
—Voy a asumir la responsabilidad, si Paolo declara los abogados de la familia lo harán trizas.
—Pero él me salvó…
—Lo sé, y estoy jodidamente agradecido de que detuviera a ese bastardo, pero alguien necesita tomar la culpa.
—¿Culpa? 
Traté de separarme unos centímetros de su cuerpo, intentando ver su rostro, pero él me atrajo a su pecho otra vez y me apretó como no lo hacían los hermanos, me apretó como lo hacía Paolo. 
Pero daba igual, yo lo sabía, Paolo me había mentido, no había pulso... 
Tony è morto, mia cara.




Les deseo una muy feliz navidad y espero que este capítulo les guste y cuente como regalito.
Tengo a mis abuelos en casa, así que subí este capítulo a la velocidad de la luz (me están gritando que baje a comer).
Besos y Bendiciones!
Liss
P.s: NO OLVIDEN DEJAR SUS OPINIONES, DUDAS, TEORÍAS.

16 comentarios:

  1. Andrea C.15:37:00

    sadfasdfsadfsdafsdfasdfdasf
    Maldito Tony D: y maldita Cassie porque no se defendió D: y asdfsadfdasfsadfsadfsadfsdafdasfdf aaahhhh lo ame *--*

    ResponderEliminar
  2. Nuestrotintero16:06:00

    Es que quedó paralizada po, nada que ver, debió agarrar una piedra y reventarle un ojo!

    ResponderEliminar
  3. Sara Barrios16:17:00

    enserio... millón gracias Liss por este regalito!!..y ojala allá otro capítulo como regalito de año nuevo porfiss! ;) jajajajaja
    y lo sabía...ese Tony causaría problemas!
    bendiciones para ti y tu familia!! felices fiestas!! :)

    ResponderEliminar
  4. Nuestrotintero16:30:00

    Jajajja trataré, en lo posible, de actualizar para año nuevo.

    ResponderEliminar
  5. Joder!!!! Con el bastardo de Tony!!!
    Que susto hasta yo me quede paralizada.....
    Y sigo sin confiar el Paolo....

    Y ahora lo vas a separar de nuevo?????!!!! Nooooooo por favor.....

    Lindo regalo de Navidad!!!!

    ResponderEliminar
  6. Isabel butterfly16:31:00

    continua con la historia de los dos ,esta buenisima,

    ResponderEliminar
  7. dios entre mas leo esta historia mas me consume,,!! por favor síguela,, me dejas con la incertidumbre :D

    ResponderEliminar
  8. Gracias x el capi!!!! esto se esta poniendo cada vez mas bueno!!
    q hacia paolo con una botella de cerveza ? :o ii porq andaba desaparecido? quiero saber mas!!!!!! me muero de las ansias, adoro tus historias :D

    ResponderEliminar
  9. Diana Prenze17:40:00

    lasdñjasñdasñdasñkl yo empiezo a leer ahora recién esta historia y justo queda así!! Por quéee??!! XD. Dios, voy a morir. Quiero saber qué es lo que pasará XD

    ResponderEliminar
  10. beluchisss20:55:00

    Holaa ohhh diossss como puedes dejarlo asii me volvere locaa eseee tony causariia problemas yy ahora que pasara esperemos que gio no termine en la carcel ahhhhhhhh ...hay algo que me quedo una frase que es la siguiente: Traté
    de separarme unos centímetros de su cuerpo, intentando ver su rostro, pero él
    me atrajo a su pecho otra vez y me apretó como no lo hacían los hermanos, me
    apretó como lo hacía Paolo. ... mmm interesante eso me quedo grabado! me encanto el capituloo!! mmm com oseguira ahora ahhhhh necesitoo saber yoo amo gio me encataaaa je! Liss FELIZ AÑO NUEVO QUE LO PASES MUY BIEN U QUE EMPIECES EL 2013 MUY BIEN...!! MUCHAS BENDICIONES Y ABRAZOS PARA TII!!!! BESOS!!

    ResponderEliminar
  11. Nooooooooooooooooo!! D: Tony è morto, mia cara. O .O

    ResponderEliminar
  12. Adiccion13:38:00

    ¡MI-ER-CO-LES! Ohh me quede petrificada Liss, me quedo justo aquí ¡aquí!. Bueno y como consecuencia a eso, y que hasta ahora empece con la historia te digo: ¡ACTUALIZA PRONTO! ¡Carajo! esto tiene una esencia fantástica

    ResponderEliminar
  13. Hola soy nueva leyendo esto y mierda es demasiado geniaaaaaaal, tony es un bastardo...ojala no le pase nada a Paolo ni a Gio :( ...escribes demasiado genial...actualiza pronto!

    ResponderEliminar
  14. Liss pq siempre me "hechizas" con tus historias?! Esto es magnifico,, nunca imagine un capítulo asi!!! Actualiza pronto POR FAVOR!

    ResponderEliminar
  15. veroniica7:59:00

    OHDIOSMIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! O.o Espero que no le pase nada a Gio!!!

    ResponderEliminar
  16. veroniica8:00:00

    Y por cierto que hizo con su prima? Espero que nada si no vaya HP!

    ResponderEliminar

Deja que fluya...