jueves, abril 12, 2012

Under Breath - Capítulo 6


Por la mañana noto con alivio que ya tenemos un plan, durante la noche Eb había hecho un montón de llamadas, esto último me tomó por sorpresa. Sabía que varios de los nuestros le debían un montón de favores, pero no tenía idea de que también le hacía préstamos a humanos… Y según yo, le conocía desde siempre.
Hay que ver lo difícil que es confiar en alguien, lo digo por experiencia propia. No confío en nadie, ni siquiera en mi sombra, incluso ella me abandona cuando sale el sol.
—¿Todo bien cariño? —, preguntó el rey de roma, ahora vestido como todo un adulto. No me malentiendan, la mayor parte del tiempo él se ve como uno. Aparenta algo así como veinte y muchos y treinta y pocos, probablemente pasaría sin problemas como un papá joven. Y dado el innegable parecido entre ambos yo no podría imaginar un apoderado mejor a la hora de interpretar el papel.
Incluso si nuestra piel y cabello no son iguales, la frialdad de nuestros ojos es la misma.
—Sí papá —, me aseguré de que mi tono fuera mordaz. Comenzaba a encontrarle más defectos que ventajas a este plan atroz.
Era sólo un alma después de todo… Una maldita que estaba lista para ser enviada al infierno. Debería haberlo matado cuando pude, casi puedo verlo: «morir asesinado después de matar»
¿Qué más justo que eso?, el maldito no hubiera tenido una sola oportunidad de arrepentirse. Demonios, tenía que superarlo.
—Hey, dónde está ese optimismo —preguntó minutos más tarde, al ver mi expresión mordaz cuando ambos nos encaminábamos al estacionamiento del gigantesco edificio donde residíamos. Podíamos darnos ese lujo, incluso si estamos nadando en deudas, mal que mal nada de lo que hacíamos era legal, lo mínimo que merecíamos era un poco de ganancia.
Bien, no era lo que se llamaría “poco”, pero sabíamos disimularlo bien. Lo cierto es que lo que poseíamos no era ni un veinte por ciento de lo que ganaban las instituciones de caridad. Casi me sentía buena en comparación a los humanos que trabajan en esas mugrosas fundaciones. Era injusto, pero ¡Sorpresa! Yo no soy quién para decirlo. Mal que mal, a ellos se les juzga por sus actos… a nosotros por nuestra naturaleza.
Así de fácil, no había un término medio. La propia Biblia lo dice, y no es como si ellos la leyeran o algo así. ¡Son tan absurdos!, dejándose guiar por lo que un anciano fanático les dice, y apenas se dan el tiempo de revisar sus escritos para comprobar si es o no así…
La mayor prueba de ello es el celibato, ni siquiera es algo Bíblico.
—Vas a pasarme un auto, supongo.
Él negó, mientras chasqueaba su lengua. Odiaba eso.
—Según tengo entendido el chico es de origen humilde—ahora entendía el porqué de su trabajo en ese pub de mala muerte—, no creo que le entusiasme demasiado que llegues con tu mercedes descapotable.
—Podría llevarlo a su casa.
—Sí, también podrías darle una propina por su compañía. No funciona así Cali, esta vez no es tan fácil. No estás lidiando con uno de esos camioneros ebrios a los que derrumbas en cosa de segundos. Este humano es diferente.
—Sigue siendo un humano…
—Exacto, y es por eso que no debes perder la fe.
—Muy gracioso.
Tal y como me temía, Eb me fue a dejar hasta la mismísima oficina del director, quien resultó ser directora. Hum, interesante… Cabe decir que luego de eso todos en el establecimiento me recibieron con los brazos abiertos… y también los ojos, lo que no me sorprendía, no me gustaba vestir recatada. No iba con mi actitud, ni mi naturaleza.
—Te recogeré a las cinco.
—Puedo caminar —él me pellizcó una de mis mejillas con su mano. ¡Lo iba a matar!
—Lo sé, pero no se vería bonito. Además, quiero pasar a ver otra vez a tu directora, me debe un montón de cosas.
No quería saber qué clase de cosas se debían.
Finalmente atravesé el previsible pasillo con la cabeza erguida y una brisa fría ondeando bajo mi falda, fingí no escuchar el farfullo del alumnado al abrirme paso, porque era así, literal, como si se tratara de alguna estúpida clase de cortina humana, como moscas escapando de un enorme ventanal.
Sonreí brevemente, esto sería más fácil de lo que pensaba.

Antes de darme cuenta me encontraba en la hora de colación. ¿Realmente creí que sería fácil? , no podía estar más equivocada, las primeras cuatro horas me las pasé soportando una asquerosa cháchara de cómo endurecer las uñas y levantar el busto, y eso sin mencionar el enorme esfuerzo que hice al evitar que mi hombro no sufriera la furia de Mike y su interminable baba mientras me miraba los pechos.
Supongo que me lo tenía merecido, dada mi apariencia, yo parecía encajar perfecto en el grupo de los atractivos y descerebrados, me quedaba con lo primero. Ganar almas exigía algo más que el escaso coeficiente intelectual de un humano.
Apenas me había acomodado en la mesa de la cafetería, cuando un empujón en mi hombro me sacudió.
Por su voz grave deduje que era un hombre, aunque no había gran diferencia dado que tartamudeaba como una nena. Me puse en pie dispuesta a explicarle las diez razones por las que una chica con mi cuerpo no le dirigía la palabra a alguien con un cerebro como el suyo, pero no fue necesario dado que Mike el baboso se me adelantó vaciándole lo poco que quedaba de su almuerzo en la bandeja del chico y luego esparciéndolo sobre todo su rostro.
—Lo siento —insistió el idiota, en lo que parecía ser la cuarta vez, mientras intentaba —sin resultados— limpiar sus anteojos y yo hacía un gran esfuerzo por no asesinar a Mike que no dejaba de reírse. Aunque, supongo que debería agradecerle que lo hubiera hecho él en mi lugar, era una muy mala forma de dar una primera impresión y en lo que respectaba a este humano, bueno… necesitaba dar la mejor.
—No hay problema —le alenté, ahora esbozando lo que esperaba fuera una sonrisa dulce y no sensual. Eb me había dicho que no funcionaría si lo hacía todo rápido, me parecía estúpido, mal que mal todos los humanos actuaban igual de predecibles, pero dado que no tenía nada que perder, no me vendría mal cambiar un poco mi estrategia.
—Soy Cali —me presenté, mientras me inclinaba junto a él y lo ayudaba a pararse, ante la mirada atónita de Mike y por supuesto, el resto del alumnado en la repugnante cafetería.
La mayor parte del tiempo adoraba ser el centro de atención, pero justo ahora cuando obtener el alma del chico dependía de que supiera manejarlo, no me sentía nada cómoda recibiendo tantas miradas, sobre todo porque parecían no ser amistosas… Y no necesitabas ser un genio para captar que iban dirigidas a él.
Busqué en mi interior algún ápice de cualquier cosa parecida a la piedad o por lo menos lástima, pero no existían en mí sentimientos como esos, lo que generalmente me venía de maravilla; sin embargo, por la mirada nerviosa del chico, parecían ser necesarios.
¡Diablos!
—Siento lo de Mike —me disculpé, mientras el aludido ponía una expresión atónita y se daba media vuelta, aparentemente cambiando de opinión sobre qué mesa le convendría más para comer. Bien por él, yo acababa de encontrar a mi humano, no estaba dispuesta a perderlo por un litro de baba andante—. Es un idiota, o eso creo. La verdad es que no estoy muy segura… Soy nueva.
Él asintió y volvió a limpiar sus gafas, tras el cristal sus ojos parecían ser de un aburrido azul cielo. Vaya, me había olvidado lo feos que eran, no que hubiera prestado demasiada atención la primera vez que lo vi.
Eb había averiguado su nombre, junto a su dirección, pasatiempos y fobias, desgraciadamente sólo me había memorizado esto último.
—Estoy bien, de nuevo, lo siento —respondió tras esquivar mis manos, cuando intentaban ayudarlo a limpiar su camiseta de marca desconocida. Allá él, si quería jugar a ser el difícil, no era un problema, sólo me atrasaría un poco más, ni siquiera era la gran cosa.
—A cualquiera le pasa, no te preocupes… —. Esperé a que diera su nombre, pero en lugar de terminar la frase por mí, todo lo que conseguí fue  verlo ponerse en pie y caminar a la salida.
Para ser alguien que cometió un asesinato, lucía bastante inocente. De todos modos, ya tendría ocasión de acercarme más a él, por lo menos usaba unos jeans aceptables y su espalda aunque era más angosta de la que acostumbraban tener mis presas, no estaba tan mal.
Algo que no pasé por alto fue el rubor en sus mejillas, aquel detalle me hizo respirar hondo, bastante más tranquila, seguía invicta.
Yo no tenía inmunes.
No pasó mucho tiempo antes de que por fin recordara su nombre, David. ¿Por qué me sorprendía? Algo de espiritual tenía el chico, había que darle crédito, excepto que incluso el rey David cayó, no en vano se acostó con una mujer casada y asesinó al esposo de ésta para que no descubriera que la había embarazado.
Insisto, ¿quién necesita ir al cine cuando tienes la Biblia?, eso sí que es drama. Edipo rey se quedaría corto si comparamos tragedias.

De nuevo con la atención en mi bandeja, me permití inhalar el olor. Desde la noche pasada que no disfrutaba de una buena comida, bueno dudaba mucho que la cosa verde en mi actual plato pudiera definirse como tal, pero algo había de especial en observar la cantidad de rostros asqueados intentando asimilar el material que se asomaba en sus bandejas.
“Mutante”, “Vómito”, y otros apodos más se hicieron oír en medio de murmullos y falsas arcadas, ahora entendía porque el pobre chico se había apresurado en salir de la cafetería. También yo me hubiera largado disparada como una flecha si tuviera semejante aberración esparcida por mi rostro y ropa.
Con la punta de mi lengua probé un poquito de la extraña mezcla de color deshonesto que parecía germinar en mi cuchara. Sabía a morrón, pero olía a ajo, seguramente se trataba de una pasta inventada por la encargada de la cafetería. De todos modos no tenía mal sabor, si lo mezclabas con las patatas parecía casi apetitoso.
 Frente a mí, una humana con la falda extremadamente corta y su rostro con un maquillaje que gritaba "barata", comenzó a acomodarse en la silla vacía.
—¿Está vacante no?
Asentí, la observaría comer en silencio o eso creí, hasta que abrió su boca de tarro.
—Arriesgando a parecer egoísta —hizo una mueca al tragar otro sorbo— Y que me perdonen los niños de África —inclinó un poco el rostro para susurrar eso último, definitivamente le importaba, más de lo que le gustaría admitir, la opinión del resto. Perfecto—. Esto sabe a porquería.
Las mejillas de mi nueva invitada no deseada se encendieron con una alerta roja y estuve tentada a preguntarle donde estaba el fuego, pese a que valoraba su honestidad, bastante limitada, pero honestidad al fin y al cabo.
—¿Qué? —sostuve la cuchara a la altura de mi boca  y unos oscuros ojos curiosos me respondieron con un pestañeo nervioso.
—¿En serio vas a comerte eso? —Recobré la compostura de inmediato, tragándome rápidamente el extraño paté.
—Hay gente muriendo de hambre en África, me parece una burla a su dolor malgastar lo que se nos da —. No agregué que nadie la había invitado a unirse a mi mesa, pero dado que ya era bastante malo haber espantado a dos chicos en un día, no quería iniciar mi jornada con el apodo de matona.
Sonreí ante su mirada de pánico y acomodé un codo en la mesa, mientras la observaba comenzar a comer.
Tan predecible…
—Supongo que los pequeños de África lo entenderán —. Yo dudaba seriamente que los pequeños si quiera se llegaran a enterar, pero asentí por ahorrarme una nuevo monólogo. Además, algo me decía que mi día estaba recién iniciando.
Me recogí el pelo improvisando una coleta, percatándome que sus ojos seguían el curso de mis manos con lo que parecía ser una mirada escrutadora. Podría haber fingido no darme cuenta, pero ya había dado mi máximo esfuerzo por el día de hoy. Entonces, justo cuando me sentía lo bastante dispuesta para hacerle saber de forma poco cortés que me molestaba su compañía y sus malditos ojos saltones repasándome entera, recordé que tenía un trabajo que hacer.
—Disculpa, no me he presentado —clavé sobre ella lo que para cualquiera podría ser una mirada amistosa, si dejabas de lado mi trabajo, yo podía llegar a ser bastante simpática—. Soy Cali, este mi primer día en esta escuela.
—Ámbar —se presentó con el mismo tono monocorde que usarías para decir la hora. Para ser una persona extra superficial, disimulaba tremendamente mal lo que pasaba por su cabeza.
Durante el resto del almuerzo sus ojos no abandonaron ni mi cabello, ni mi rostro, claramente tampoco mi vestuario, probablemente buscando alguna falla. Era tiempo perdido, jamás la encontraría.
En los tiempos actuales, donde tener un busto extra grande requiere bastantes dólares, no me daba vergüenza admitir que yo era bastante llamativa. Podría decir que en el infierno nos fabricaban mejor, pero sería una mentira. Lástima, me crearon en el cielo.
De todos modos, ella debería ser más sutil con los recién llegados y disimular su envidia, como sea, nunca está de más ganar un alma extra.

Chan, chan, chan... Esto sí es aprovechar los días libres.  Dos actualizaciones, ¡Diablos!, me merezco un premio. wahahaha
Liss, Bendiciones para ustedes chic@s.
PS: Gracias a Chio por la revisión.

6 comentarios:

  1. Vivianne T.18:27:00

    me gustó muchísisimo este cap, pero no entiendo ¿qué tiene de especial el humano?

    Gracias por la actu ;)

    ResponderEliminar
  2. Nuestrotintero18:41:00

    Anda tú a saber... xD

    ResponderEliminar
  3. Pandora Rosso18:49:00

    1313 XD  ajajajajajaja

    ResponderEliminar
  4. Liss..... muy buen capitulo, me agrada Cali es simpatica....  CUANDO SE VAN A ENCOTRAR ELLA Y MiGUEL???!!! (Annabel Lee respira profundo y trata de tranquilizarse) me gustó el capitulo

    ResponderEliminar
  5. belu_juanes13:51:00

    Buenooo estaa Cali es unicaa haber que hace para acercarse al humanoo que no le dio mucha bolilla jee...! estuvoo muy buenoo el capiii!!!! y esta Cali con sus pensamientoss y cosas que hace me hace reir es tremendaaa...nos leemos en el que le sigueee....besos Liss y buen fin de semanaaaa!!!!!!!!

    ResponderEliminar
  6. Leticia L.8:55:00

    jjajajjaj, me mata Cali, la extrañaba. Muy buen capi Liss, y por cierto gracias por las actulizaciones!!!!
    Las expresiones que usa Cali, juajuajua XD me parto de la risa. Sos una genia loquilla, nos leemos despues, besotessss

    ResponderEliminar

Deja que fluya...