Contención
Prólogo

Benjamín dejó escapar un hondo suspiro mientras llevaba la mano izquierda hasta su frente para quitarse el sudor. Al parecer su gran y perfecto plan de mudarse un fin de semana soleado no había sido tan “perfecto”, después de todo.
Sí, había corrido la fecha al menos dos veces y sí, se había alegrado cuando la primera vez que el cielo se volvió gris sus muebles se encontraban bajo llave en la bodega que había arrendado para emergencias como esas. Precaución lo había llamado él, «Despilfarro» lo había considerado su madre y hermana, ésta última de todos modos nunca tenía la razón, porque bueno ella era la menor, fin del asunto.
Por otra parte, ahora que se encontraba ya establecido en su nuevo hogar, la idea de mudarse en un día soleado no parecía tan agradable, su camiseta se encontraba tan sudada que estaba seguro que si la estrujase, ésta comenzaría a gotear. Además, estaba el asunto de sus manos. Querido Dios, él por lo general tenía un buen estado físico, no era un adicto a los esteroides, pero se defendía bastante bien, salvo que ahora que se detenía a mirar, sus manos estaban bastante hinchadas. Hizo una nota mental, compraría algún analgésico para más tarde, por ahora solo le apetecía recobrar el aliento y ¿Por qué no? Recargar su cabeza contra el frío vidrio de la ventana.
—Sí —boqueó, sintiendo como sus ojos se cerraban al contacto con el cristal. Sabía muy bien que ir hacia el refrigerador era una idea mucho más recomendable, pero éste no llegaría hasta el lunes, por lo tanto le tocaría defenderse con nada más que agua o ya que estábamos, ventanas, por lo menos hasta que el camión de la entrega llegase.
Benjamín continuó cavilando sobre los pros y contras de independizarse, era un plus no tener que pelear por el baño en las mañanas, pero no le apetecía renunciar a la comida de su madre. Oh, esa lasaña…. Él ya estaba llevándose el puño a la boca, listo para morderlo y liberar la tensión, hasta que una figura inquieta llamó su atención hacia el lado opuesto del cristal.
Sobre el césped, en el antejardín contiguo al suyo, una espectacular morena se empeñaba en construir una torre de ropa que parecía estar al borde del colapso. Lo hizo pensar en La torre de Pisa, salvo que dicha torre no incluía sujetador y ¿Acaso era eso un Babydoll?
Dios del cielo, Benjamín no daba crédito de lo que sus ojos veían, y hubieran continuado viendo si la sensual morena no hubiera comenzado a bailar alrededor de la torre con un bidón de parafina en sus manos.
Sin pensárselo dos veces, porque de seguro se arrepentiría, él salió pitando hacia afuera, desafiando a sus pies a impedir un incendio.
¡Increíble!, pensó con ironía. Acababa de llegar y ya estaba teniendo problemas con sus vecinos.
***

Sin quitar sus manos del bidón, Ada arrojó un último brasier de satín al Montículo del olvido y a continuación comenzó a mover las caderas. Sacudió su cabello sin dejar de tararear al compás de Cher, lo que si lo pensabas bien, no era nada difícil, desde que el volumen de su estéreo tenía la fidelidad suficiente para oírle desde afuera sin que la calidad se perdiera, Cher no merecía menos que eso, por supuesto.
—¿Do you believe in life after love? —, sus caderas se mecían desesperadas, como si apenas les hubiera dado libertad, todo lo cual era en realidad cierto. Llevaba más tiempo del que una mujer de su edad se permitiría admitir, siendo la esclava de un amor imposible, para ser exactos, su caso era un amor del tipo platónico.
Desde luego, tal y como decía la letra de la canción, ella creía en la vida después del amor… No había escogido ese tema porque sí, ya que para Ada hace mucho que habían dejado de existir las coincidencias.
I can feel something inside me say…
Mientras el coro de «Believe» continuaba repitiéndose, Ada se preparaba para arrojar su encendedor sobre las malditas prendas. Seda, encaje, gasa… ¡No había una maldita braga de algodón!
Tan increíble como parecía, era cierto… Se había pasado los mejores años de su vida fingiendo ser una Femme Fatal, ya no más.
Palmeó su busto buscando el encendedor, cuando lo encontró sofocó una risita nerviosa.
La libertad sabía increíble…
Liss

NA: Como habrán notado, la historia se desarrolla en los tres años que Sebastián y Sofía pasaron separados.
¡Espero le den una oportunidad a Ada!