domingo, julio 22, 2012

Lazos de Sangre capítulo 8




Algo bueno de ser mujer era que los fines de semana podía levantarme tarde, mientras que Gio, por la sencilla razón de ser hombre, tenía que madrugar a las seis como el resto de los trabajadores de nuestra hacienda y ayudar con la recolección de la uva.
Me estiré lentamente en la cama y dejé escapar un bostezo mientras llevaba mis manos a los ojos y los refregaba.
Había pasado ya un mes desde que Gio llegó, un mes desde que una mitad de mi alma volviera a sentirse completa, un mes desde que el abuelo partió…
Supongo que era eso lo que me hacía ser tan consciente del paso del tiempo, el abuelo ya no estaba conmigo y su partida aún se sentía fresca.
Reprimí el escalofrío que me vino al pensar en el abuelo y fui al baño para una ducha rápida, luego de acabar renuncié a los intentos por desenredar mi cabello y lo dejé caer suelto por mis hombros, ni siquiera lo escurrí con la toalla, el día estaba soleado así que no tardaría mucho en secarse.
A la hora de vestirme, me preocupé aún menos, era sábado, maldita sea. Me merecía por lo menos un día sin estar pendiente de el peinado, los tacones y toda esa bisutería. Así que opté por un vestido sencillo de color damasco que resaltaba el color canela de mi piel y finalmente bajé a la cocina para mi desayuno.
—Hola Clara —saludé mientras sacaba una de las manzanas que adornaba la bandeja en el centro de la mesa—. Hola Elena —añadí, percatándome de forma tardía que la sobrina de nuestra nana estaba picando cebollas a mis espaladas.
Había llegado hace un par de semanas para ayudar a Clara con la fiesta de bienvenida de Gio, pero mamá dejó que se quedara, una vez que nuestra nana le comentase que necesitaba ayuda. Nuestra hacienda era un sitio demasiado grande para que sólo una persona lo mantuviera en orden, incluso mamá debía notarlo.
—Hola mi niña, ¿Son estas horas de levantarse? —me encogí de hombros, sabía que no lo decía en serio. Yo madrugaba de lunes a viernes, incluso algunos sábados cuando asistía a clases especiales, nada demasiado importante, a no ser que consideres lecciones de repostería francesa como un asunto de vida o muerte.
—Estaba cansada ¿Has visto a mamá?
Clara se tomó su tiempo antes de hablar, estaba demasiado ocupada revolviendo algo burbujeante en la olla, olía de maravilla, así que me abstuve de suspirar a causa de mi impaciencia.
—Salió temprano junto a tu padre.
—¿Esos dos juntos? —estaba segura que mi cara decía tanto como mi tono incrédulo, porque Clara frunció el ceño, pero yo continué— ¿Qué bicho les picó?
—Esas no son formas de hablar de sus padres, de todos modos no sé donde fueron, sólo los vi salir a primera hora en el auto y avisar que no llegarían a almorzar. No está en mí hacer preguntas.
—¿Y ese milagro, ya despertaste? —pegué un brinco cuando mi hermano apareció por encima de mi hombro y me apretó la mejilla con sus manos utilizando un exceso de emoción.
—Como me dejes morado —, le advertí zafándome de él.
—Ah, no seas exagerada sólo fue un pellizco.
Yo estaba a punto de responder, pero eso fue antes de que reparara en cómo estaba vestido Gio, mejor dicho su falta de vestimenta, todavía más importante, quién se asomaba tras de él. Con la cabeza apoyada contra la puerta de nuestra cocina, su pecho al descubierto y la camisa en una mano, Paolo me miraba dudoso, parecía tan incómodo como yo.
—Hola Cass.
—Hola
Y aquí estaba yo, ruborizándome como una adolescente mientras intentaba digerir el trozo de manzana que acababa de morder. La cosa estaba así, ni Paolo ni yo habíamos logrado mantener una conversación coherente desde el incidente de mi alcoba. Me gustaba llamarlo así, un incidente era más aceptable que un arrebato, más creíble para una persona como yo.
Las chicas audaces arrastraban a chicos a su habitación y los besaban como si no les quedara un mañana. En cambio, las personas como yo nos limitábamos a observar como los audaces cometían errores y luego se lamentaban por ello.
Yo era inteligente, no andaba por ahí cometiendo deslices y actuando con negligencia, sobre todo, yo no era de las personas que se liaban con los trabajadores de papá. ¿Amistad?, por supuesto, no había nada de malo en mantener amistad con Paolo, ¿Enamorarme? De ninguna manera, eso era inaceptable para ambos, sobre todo porque yo no estaba segura de lo que sentía, lo peor de todo era saber que le había dado esperanzas en vano.
Si papá se llegaba a enterar iba a estar realmente decepcionado de mí.
Observé por el rabillo del ojo a mi gemelo, las cejas fruncidas que se alzaban por encima de sus ojos verdes evidenciaban su estado actual: estaba molesto. Aunque no sabría decirlo lo ocultó tan rápido que perfectamente podría haber sito todo cosa de mi paranoia. Seguramente lo era.
—Nana, a que no adivinas. Traje un amigo a comer.
—No hice suficiente comida…
En su lugar, Paolo se llevó una mano hasta la nuca, lucía nervioso. Mi gemelo puso los ojos en blanco en dirección a Clara y a continuación se giró hacia Paolo.
—No le hagas caso —guiñó el ojo—, tú déjamelo a mí.
Quise advertir a Paolo que lo peor que podía hacer era fiarse de mi hermano, pero nuestra nana se adelantó.
—Te oí —contestó Clara, Elena se llevó una mano a la boca para simular su risa y continuó picando cebolla, a estas alturas no sabía si enojarme o reír.  No me decidí por ninguna, así que le di otro mordisco a mi manzana, aunque comenzaba a cobrar un sabor harinoso.
—Vamos, no te enojes.
—No me gusta que traigas personas sin avisar.
—Pero nana, si lo hice porque todo hombre merece probar al menos uno de tus platos antes de morir.
—Adulador…  ¡Joven Giovanni! —saltó en su puesto cuando el charlatán de mi gemelo le dio una palmadita en el trasero.
Clara era una mujer mayor, su cabello anudado en una fiera trenza ya había caído víctima de las primeras canas, su escote triplicaba el tamaño del mío y su trasero también, al igual que sus piernas, brazos y sí, también el cuello. En fin, era una señora muy amable, me agradaba… Cuando no estaba opinando si dormía o no más de la cuenta.
Una hora después, estábamos todos sentados en la mesa del comedor. Paolo había sugerido la cocina, también yo, me sentía más cómoda en ese rinconcito caluroso e impregnado con olor a condimentos, pero Giovanni había insistido. Daba la impresión de que quería demostrar algo, de otro modo no hubiera arrastrado a Clara y Elena con nosotros.
Ambos, tanto Paolo como mi hermano, se habían dado una ducha en el cuarto de baño de éste último, baño que compartíamos, me obligué a recordar. Razón suficiente para darle un ponchazo a la albóndiga con mi tenedor y mantenerme distraída.
No necesitaba pensar en lo cerca que había estado él de mi cuarto…
¡No vayas por ahí!
—Pero bueno… ¿Qué tenemos aquí? —, casi me atraganté cuando vi a papá de pie en la entrada. Me dio una mirada curiosa para luego girar el rostro hacia mi hermano, dio otros tres pasos hasta quedar a un lado de su silla y su curiosidad fue reemplazada por furia. Cuando me habló, su voz era una lámina de hielo—. Cassandra, cariño ¿En qué quedamos con hacer beneficencia en casa?
La sangre abandonó mi rostro justo al momento en que Clara y Elena se apresuraban en dejar la mesa y la madera crujía mientras sus sillas eran arrastradas. Inmediatamente  giré hacia mi hermano.
«¿Qué hacemos ahora?», quise preguntarle, pero Gio mantenía su postura erguida, implacable, casi indiferente, a excepción de sus nudillos que estaban blancos de tanto apretarlos.
No lo entendía, como podía lucir tan tranquilo, es que acaso quería provocar la ira de papá. ¿Es que no le importaba jugar con los sentimientos de las personas? ¿Qué había de Paolo, de Clara?
—Permiso —dijo Paolo, limpiándose la comisura de su boca con una servilleta, sus manos rudas y repletas de cicatrices producto del trabajo duro apenas lograban disimular el temblor cuando Gio estiró su brazo y le impidió levantarse.
—No —replicó, sus ojos desafiando a mi padre a decir algo. Yo estaba atónita, paralizada, me sentía idiota por no atinar a decir nada, pero entonces ¿Qué podía hacer? Nunca se me habían dado bien las palabras, nunca se me había dado nada bien, mamá tenía razón, en el mejor de los casos encontraría  a un tipo con paciencia y dinero que pudiera mantenerme para dejar de ser un estorbo en esta casa.
—Tú te quedas. Eres mi invitado.
Papá enarcó sus cejas, aparentemente atónito. También lo estaba yo, no podía creer que Giovanni lo desacreditara enfrente de uno de sus trabajadores, menos creíble era el hecho de que papá no hiciese un escándalo.
—¿Eres Paolo verdad? —preguntó como si no supiera de quién se trataba, como si no me hubiera advertido sobre él.
—Sí señor .
—Mira mujer, es Paolo el amigo de Cassandra.
Recién entonces reparé en mamá, estaba vestida de negro, con sombrero y guantes incluidos. También papá, automáticamente mi cerebro comenzó a sacar cuentas.
Un mes, un mes desde el regreso de mi hermano, un mes desde la muerte del abuelo.
—¿Fueron al cementerio? —me oí decir, papá abrió mucho sus ojos y a continuación asintió mientras comenzaba a desabotonar el botón de su camisa y se sentaba en la cabecera de la mesa, junto a mí.
Imitando los movimientos de mi padre, mamá colgó su bolso y sombrero en el perchero junto al modular y se acomodó en la mesa junto a nosotros, en la silla contigua a la de mi hermano, para ser exactos.
Noté que Gio le susurraba algo a Paolo en el oído y a continuación rompieron en risas ambos, la escena era tan surrealista, como si fuéramos una familia de esas en las que los jóvenes llegan a casa sudados tras un partido de fútbol y luego invitan a un amigo a la casa, así sin más, sin importar la religión, color o estatus social.
—Clara, llévate esta porquería y trae servicios limpios para mí y el señor.
Mi hermano hizo una mueca ante las palabras de mi madre, pero no dijo más. Casi inmediatamente apareció Clara, su cabeza gacha mientras retiraba el plato que antes había estado cuchareando ella misma, apostaría a que aún estaba caliente.
No pude soportarlo más y se lo arrebaté de las manos después de ponerme en pie y me dirigí a la cocina.
No era mi mayor gesto, pero me hacía sentir mejor que ahí sentada, menos culpable por lo menos.
Dos horas más tarde Gio y yo nos aburríamos viendo la televisión, yo lo hacía al menos. En realidad no entendía porque él prestaba tanta atención puesto que ambos conocíamos los diálogos de memoria, era una de nuestras favoritas El rey león, había sido un regalo del abuelo cuando aún existían los cassette de videos.
—¿Qué planeabas hoy por la mañana?
—¿A qué te refieres? —contestó sin apartar sus ojos del video.
—A todo ese numerito que montaste y ¿qué fue eso de traer a Paolo a casa? Sabes tan bien como yo que no quiero verlo, me pone incómoda.
El dejó escapar un suspiro largo y sus hombros se encogieron junto a su pecho, parecía mortalmente aburrido cuando le dio pause al control remoto y la imagen de Timón y Pumba quedó estática en el televisor.
—El pobre estaba destruido, llevaba días preguntándome por ti ¿Qué se suponía que hiciera? No tengo corazón para decirle que fue un desastre en la cama y mi hermanita pequeña no quiere saber más de él.
—¡Te dije que dejaras de meterte en mis asuntos! —estaba furiosa— Y no fue un desastre en la cama, ¡ni siquiera lo hicimos!
—Ya, ya, lo que sea, pero deja de gritar, atraerás la atención del ogro.
—Papá está encerrado en su estudio hace una hora, dudo que salga.
 —Mejor para mí, de cualquier modo no es bueno que vayas por ahí predicando a los cuatro vientos acerca de tu vida sexual… O la falta de ella —añadió en un hilo de voz al ver que le lanzaba una mirada furibunda.
—Sabes, creo que Clara está molesta con nosotros.
—Crees bien —soltó sin más, pasándose el dedo índice por encima de la ceja para mover un mechón oscuro—, pero ya se le pasará. Me tuvo de rodillas en la cocina durante veinte minutos después de que papá se encerrara y mamá saliera donde sus amigas a cotillear.
Rodeé los ojos, él era el colmo, en serio. Decidí ir al grano.
—Sabes que papá no está bien ¿verdad?
—No, pero puedes apostar a que le haría bien morirse
—¡Gio! —le reclamé dándole un empujón con mi codo.
En lugar de dejarme ganar me devolvió el gesto, pero multiplicado por cien.
—¡Cavernícola!
—¿Qué? Tú empezaste —dijo mostrándome sus palmas, como si eso lo justificara todo. Salvo que no justiciaba nada en absoluto, además, yo era un alma rencorosa así que me arrojé sobre él con toda la fuerza de mi cuerpo y lo derribé sobre la alfombra.
Las palomitas que Clara nos había calentado en el microondas ahora estaban todas esparcidas por el suelo, fue una suerte que el cuenco no se hubiera quebrado.
—Wau, dame un respiro ragazza.
—Te dije que no molestaras.
—Mentirosa, dijiste cavernícola, recuerdo eso.
Volví a darle un golpe en su pecho, pero esta vez más suave. Había cubierto su torso con una camiseta a cuadros descocida en el hombro, probablemente tenía tantos años como el abuelo, de hecho, no me sorprendería que hubiese sido de él, apostaría a que le había visto una igual…
Encaramada sobre mi hermano no me sentía nada femenina, por el contrario, mi vestido damasco desentonaba de forma violenta con la forma en que mantenía mis piernas abiertas en torno a la cintura de Gio. Sin embargo, no me importaba, porque me sentía grande, fuerte, todo lo cual no era en realidad, pero a veces mentirse a sí mismo sabe bien… Incluso si la sensación de alegría no dura más de cinco minutos.
—¿Crees que está viéndonos? —no dije quién, no lo necesitaba, tanto Gio como yo estábamos conectados en más de un nivel y ese lazo ni un millón de años distanciados hubiera podido romperlo.
—Sí  
Gio me sonrió, un rastro de culpa destrozó sus facciones, pero lo disimuló de inmediato.
Mi gemelo, ¿Cuándo fue que comenzamos a mentirnos?






NA: Siento que haya transcurrido tanto tiempo sin que pudiera actualizar, pero por motivos de horario se me hizo imposible escribir antes.
Les estimo y agradezco su fidelidad desde mis inicios hasta le fecha. Mañana edito, estoy exhausta, mil gracias, otra vez, besitos.
p.d: Para las interesadas, les dejo el link del facebook oficial, generalmente subo adelantos, algunas personas postean videos, imagenes, etc...
https://www.facebook.com/pages/Lazos-de-Sangre/195370827167026




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16 comentarios:

  1. buen capitulo...:) ojala fuera mas largo...T-T pero se que tenes cosas que hacer aparte de escribir.. así que gracias por subirlo..lo disfrute muchisimo..^^

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  2. Aaaay k m muero....necesito mas :) muxs gracias!!!!! Un besazo

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  3. Me parece que Gio hace las cosas solo por molestar a su padre o probablemente no con esa intensión pero muy en el fondo de él eso es reconocido.

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  4. Me parece que Gio hace las cosas solo por molestar a su padre o
    probablemente no con esa intensión pero muy en el fondo de él eso es
    reconocido.  Mi comentario salio sin nombre ni nada por eso lo reeposteo ja

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  5. belu_juanes11:29:00

    Holaaa Liss!!!! mee encantoo a Gio me tiene locamente enamorada je...!!! el capituloo estuvoo buenisimoo!! y sii bueno Giio llevo a Paolo solo por que preguntaba por Cass veremos que sucedee quiero mas escenas Gio y Cas jeee!!!!!! gracias por el capiii Liss...besos enormess!!!!

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  6. Oh si!! capi capi capi xDD
    Por cierto, si es el capítulo 8? Porque arriba dice 9 -aún no lo leo-
    Gracias! Bessos xD

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  7. Nuestrotintero21:52:00

    Error mío amor, es capítulo 8 :O

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  8. Nuestrotintero21:52:00

    Es que Gio es muy adorable, imposible no amarlo.

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  9. Nuestrotintero21:53:00

    Tranquila Pricila bella, que salió tu nombre :D.
    Sobre Gio, llevas razón. Realmente necesita dejar de cargarse a su viejo.

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  10. Nuestrotintero21:53:00

    Trataré, juro que haré el intento, de aumentar las hojas de word, en serio!

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  11. Clary Wayland22:22:00

    Gracias por el cap quiero otro jaja xD

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  12. Adie Mariel Martinez Martinez21:17:00

    hey me gustoo mucho la historia hoy la empeze a leer y es que ya llevaba mucho tiempo que no entraba a nuestro tintero

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  13. Adie Mariel Martinez Martinez21:19:00

    me encanta Gio!! aunque aun asi que habra pasadoo durante esos nueve años??

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  14. adorooo a Giooo!!..y no soporto a sus padres!!..tan superficiales..

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  15. babymilk6917:30:00

    No me agrado que Gio obligara a Paolo a quedarse... mejor se hubiera ido con él y se hubieran llevado a Cass...
    Poble Clara y su sobrina.. no es justo...
    Odio a los papas... Tanta prepotencia...

    Porque no le habla a Paolo... total solo fue un beso... no??

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  16. Adiccion9:02:00

    Transcurre el tiempo y es como si fuera inmune a el, pues no me doy cuenta de lo que sucede a mi alrededor solo existen Cass, Gio y Paolo

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Deja que fluya...