miércoles, marzo 30, 2011

Inhala Cap1

Ahora
"Y cuando os pongáis de pie para orar, si tenéis algo contra alguien, perdonadle, para que vuestro Padre que está en los cielos también os perdone a vosotros vuestras ofensas."
Marcos 11:25




Bastardo, impuntual, maldito…
Daniel estaba de pie en la esquina de una calle cuyo nombre apenas podía pronunciar, justo bajo un cartel mediocre que ofrecía putas a mitad de costo. El precio apenas y se notaba, cosa poco importante si mirabas el resto de la cuadra, donde todos los letreros eran tablones pintados de negro y escritos con tiza blanca.
Sorbió lo poco que quedaba de cerveza y arrugó la lata con su mano, lento y fuerte, con una pericia que parecía ensayada. Sin embargo, él estaba lejos de ser un amateur.
—Cinco minutos, ni uno más —, sentenció, luego de ver la hora en su móvil. Arrojó el envase al piso y empezó a dominarlo con sus pies, tal y como había enseñado a su hermano menor, Dennis.
Cuando el reloj dio las diez, se dijo a si mismo que tenía que irse, pero eso significaba volver a verlos y Daniel no podía enfrentarse a eso. Suspiró entumecido, diciéndose que sólo sería esta vez…
Excepto que no era la primera, ni la segunda y ni por asomo la última.
Cuando un Sedán negro se estacionó en la esquina a su lado, se tragó las ganas de maldecir, no podía jugar a ser el hombre aquí, no cuando no estaba en puerto seguro.
—¿Llegaste hace mucho? —preguntó Tomás, como si le importara una mierda. Si bien habían coincidido un par de clases en el instituto, su amistad se había reducido a nada más que saludos, tenían sólo una cosa en común, lo que quedaba perfectamente explicado con el dinero que Daniel le estaba entregando al moreno.
—¿Está todo? —bromeó el más bajo, pero sin dejar de contar el dinero.
—Puedes revisarlo otra vez, ya lo sabes —ironizó Dan, bastante molesto con la espera como para aguantarse el patético humor de su acompañante.
—Por supuesto, pero eso le quitaría valor a nuestra amistad, ¿No te parece? ¿Donde estaríamos de no ser por la confianza?
Le entregó su pedido y su boca se amplió, mostrando una expresión de fingida alegría. La sonrisa de Tomás solía ser perfecta, siempre se jactaba de ella; por eso Daniel, al notar que en la parte frontal había un diente menos, decidió que lo mejor sería no preguntar.
Cuando el vehículo partió, una sensación de éxtasis puro recorrió sus entrañas.
—Al fin a solas —, murmuró con adoración, besando el papel de la cubierta. Guardó el paquete en su bolso y dio media vuelta en dirección a casa, pasando de largo el sucio letrero que ofrecía amor barato.
—Hey tú.
Daniel supo que se referían a él, no le pregunten por qué, sólo lo supo y aumentó la rapidez en sus pisadas.
—Oye, niño bonito —, le llamaron otra vez y por el timbre agudo, asumió que era una mujer o algún delincuente realmente joven, cualquiera que fuera, no le apetecía lidiar con ninguno de ellos.
Su teléfono comenzó a sonar, volviendo su actual estado de frustración imposible. Abrió su bolso, reconociendo el número y arrojando el móvil de inmediato contra el piso.
¿Es que nadie podía simplemente dejarlo solo?
—¿Pero, qué mierda hiciste? —, lo acusó la voz aguda y su reclamo fue seguido por un pobre agarrón en su codo, Daniel de deshizo de inmediato de él. No le gustaba que lo tocaran.
—¿Tienes idea de cuanto cuesta? —, insistió la joven, evidentemente consternada. Daniel se encogió de hombros y continuó su camino— ¡¿Hola? Te estoy hablando!
Rodó los ojos, pero se detuvo esperando que así la putita lo dejara en paz.
—No tengo dinero.
—¿Quién te lo ha pedido? —, se defendió la morena, poniendo ambas manos en su diminuta cintura.
—¿Por qué otra razón una mujer como tú me buscaría?
—¿Qué te hace pensar que soy una prostituta? —, explotó ella, con su mandíbula en alto y su largo cabello cubriendo partes estratégicas de su cara.
—Yo no he dicho que lo seas —sonrió—, pero ya que insistes, tú ropa es un poco incriminatoria.
Repasó su cuerpo con los ojos, dándole énfasis a su punto. La chica vestía unos cortos jeans negros y un brasier rojo, cubierto por únicamente por una malla negra, cuyos orificios eran tan grandes que se le escapaba un seno completo.
Ella suspiró, exhalando tan fuerte que uno de los mechones que escondían su cara se alzó con el soplido. Los ojos de Daniel se entrecerraron confusos, siendo rápidamente tragado por los fantasmas de su pasado, que eran justamente los mismos que lo traían acá, en busca de un escape con forma de THC.
No tenía una sola oportunidad.
Caminó hacia la joven, con demasiadas expectativas para que fuera un buen augurio, pero un segundo, al menos ese único segundo, todo en lo que pudo pensar fue en ella.
—Hazlo otra vez —, pidió, pero a la joven le sonó más una orden.
—¿Hacer qué? —, inquirió frunciendo el ceño y probablemente creyéndolo uno de esos fetichistas locos.
—Eso, lo que hiciste recién, soplar… Sopla tu pelo.
Ella rodó sus ojos, pero aún así sopló y fue exactamente igual que antes, peor aún fue que le gustara.
—Está bien, detente —zanjó, experimentando una suerte de remordimiento por convertir algo tan suyo en material de plática.
—¿Cuánto me sales?
—Te dije que no quería tu dinero.
Él sonrió.
—¿Eso quiere decir que me la vas a chupar gratis? —, la muchacha dudó, pero justo cuando Daniel comenzaba a sacar su billetera, su pequeña mano lo detuvo.
—No hago sexo oral —murmuró demasiado cerca, pero también demasiado baja para que la cercanía resultara realmente peligrosa—. Pero puedes montarme gratis.
Su pequeña boca, teñida de un excéntrico escarlata se curvó emocionada. La chica no era fea, de hecho estaba bastante buena; tenía un cabello largo y oscuro, justo como a Daniel le gustaba, sus pechos parecían ser a la medida de sus manos y sus caderas denotaban ser lo suficientemente fuertes como para contenerle. En muchos sentidos era perfecta, exceptuando que no era Mel y Daniel no podía —ni quería— estar con otra mujer después de ella.
No sería justo…
Aún así, no se negó cuando la joven lo arrastró de la mano hacia una de las destartaladas casas que bordeaban la calle. Tampoco cuando ella lo empujó sobre la cama y mucho menos cuando sus manos comenzaron a moverse ansiosas por su cuerpos, primero en él y luego en ella, arrancándoles a ambos la ropa. Daniel sentía la piel en llamas, como si estuviera a un paso del infierno, y sonrió sin poder evitarlo, cuando concluyó que probablemente así era.
De sus labios escapó un gemido, colmado de una necesidad tan honda que se preguntó si podría sentirse aún peor. Ella continuaba chupando, tocando, rasguñando e incluso mordiendo, ensuciando una piel que ya de por si estaba llena de manchas.
—¿Voy demasiado rápido? —, la escuchó gemir y sonrió otra vez, pensando que probablemente esas deberían ser sus líneas.
—¿Traes preservativo? —contestó a su pregunta. Ella sonrió, como valorando que la ansiedad fuera mutua y deslizó un brazo furtivo bajo la cabeza de él.
—Es sin sabor —, le advirtió seria, pasándole el sobre plateado y observando ansiosa como él se enfundaba a sí mismo.
Observó la pintura del techo, prácticamente descascarada por completo y temió que se les fuera a caer encima de un momento a otro, mientras tanto ella seguía tocándole; su boca y manos parecían estar en todas partes a la vez, chupando su cuello, lamiendo sus tetillas, masturbándole lento.
—Has eso que hiciste antes —, la instó, untando de sudor sus manos al tocar las caderas femeninas. Ella frunció el ceño, pero repitió la hazaña, la erección de él despertó aún más: furiosa, dura, caliente y…
—Humm, tan suave —, ronroneó ella, antes de inclinarse y morder levemente la piel de su hombro. Daniel no quería mordiscos, quería otra cosa, lo que él necesitaba era…
—Dame tu boca —, exigió girándolos a ambos, mientras ella, con una mezcla entre sorprendida y excitada, parecía desaparecer bajo su cuerpo.
Dan inclinó su rostro, mientras con sus manos la ayudaba a ceder.
—Por favor —rogó, rozando con la punta de su erección el órgano dilatado.
—Tú quieres esto —insistió, entrando un poco y saliendo a la vez—. Sé que lo quieres.
Los ojos de ella lo escrutaron, por primera vez dudando, no eran ojos claros… No eran ojos tan azules como para poder perderse en ellos, éstos no parecían el cielo en pleno verano, por supuesto tampoco le proporcionarían aquel calor… Sin embargo, había en ellos vacilación, probablemente incluso temor, justo como los de Mel.
—Vamos…
Ella escupió una maldición, antes de rodear su cuello con las manos.
—Sólo porque eres increíblemente atractivo —, le acusó para nada molesta y enseguida le comió la boca. Su lengua barrió con todo resquicio de lógica, penetrando hasta lo más hondo de esa cavidad que parecía haber olvidado que tenía más usos que la mera alimentación. Daniel sorbió sus labios, como si se tratase del único néctar en medio del desierto.
—Mel —susurró contra su boca, mientras esas manos frágiles se perdían en su pelo. La joven se tensó un instante al oír ese apodo desconocido, pero decidió seguirle el juego, su fluctuación fue tan breve que Daniel no lo notó y en seguida lo continuó besando.
—Abrázame —, imploró y como era de esperarse ella lo hizo.
—Dios —respiró de su aliento—, no tienes idea de cuanto te necesito.
Ella deslizó su mano un poco más abajo, disfrutando la suavidad de su espalda y urgiéndole más cercanía. Daniel la penetró de un golpe en respuesta a su sutil apremio, ella jadeó, rasguñó y pareció ahogarse entre sus labios.
—Deja de hacer eso —, gimió ella en su boca, renunciando a sus labios y escondiendo el rostro en su cuello. Daniel continuó moviéndose, tan primitivo y carnal, que la sola mención de algún Santo, parecía ser capaz de causar estragos en medio de tanto pecado.
—¿Hacer… qué? —jadeó él, sin dejar de penetrarla, sin detenerse a pensar en cómo se sentiría hacer el amor en lugar de tener sexo.
—Actuar como si me necesitaras —. Ella se aferró a sus hombros cuando los espasmos del orgasmo sacudieron con urgencia su cuerpo, como si éste se hubiera desfragmentado en cientos de pedazos. Justo después, él se corrió.
Apenas acababan de vestirse cuando Daniel sacó un billete de cien dólares y lo depositó sobre la humilde mesita de noche.
—Puedes dejarte tus Benjis para ti, te dije que no quería tu dinero.
—Lo sé —reconoció—, pero no me sentiría bien si no te doy algo en pago.
—Creo que ya me diste bastante —sonrió— Estaba ahí también, ¿Recuerdas?
Daniel desvió la vista hacia el destartalado reloj que descansaba en el buró, y los colores abandonaron su rostro.
—Tengo que irme —avisó, con el dinero meciéndose aún en su mano.
—Sí, lo sé. Además, yo tengo que limpiar el desastre que dejamos…—admitió ella, mientras él evitaba volver su vista hacia la cama.
—Esto… Gracias —, dijo dudando, antes de acercarse a su rostro y besar castamente su mejilla.
Esa noche no pudo dormir.
Por la mañana, desistió del desayuno, por supuesto, ver su reflejo solía causar ese efecto. Había abandonado baño, maldiciendo al espejo por existir y odiando a su madre por obligarlo a afeitarse.
Cuando llegó al instituto, la música en sus audífonos hacía difícil que pudiera oír el timbre de entrada, pero dedujo que iba tarde porque los pasillos se encontraban vacíos.
Perfecto
Continuó con su rutina y se acomodó en el primer escalón de la escalera, esperándola... Como antes, como ayer y como seguiría haciendo siempre.
Daniel la esperaría aunque viviera mil vidas.
Tomó un aliento y otro más, y luego volvió a hacerlo, pero no importaba cuanto oxígeno inhalara, seguía sin ser capaz de respirar.
Nunca pensó que llegaría a disfrutar de algo tan sencillo como el eco en los escalones aledaños. Antes no solía importarle, por supuesto, en aquel entonces ignoraba que la felicidad se trataba de un tesoro efímero. 
La observó avanzar hasta él y un tumulto de emociones lo asaltó sin miramientos. Lucía tan hermosa como la inmortalizaba en sus memorias, la soñaba siempre… incluso despierto. Dulce error, aquellas reminiscencias no eran sino impostores baratos en comparación a su belleza. Pero recordarla era la única forma de llevarla consigo; por las noches, por el día; no tenía otro medio para amarla sin herirla.
Ella finalmente lo alcanzó, aunque la realidad era que Daniel obstaculizaba su camino, siempre fue así… Incluso ahora, justo frente a él, con el mismo vaivén casual en sus caderas, siendo sexy cuando aborrecía serlo. Una expresión vacía imperaba en ese rostro, el mismo rostro que había besado hasta el cansancio dos años atrás.
—Hey —saludó cabizbaja, privando a Daniel de su sonrisa y es que ni siquiera sus ojos parecían reflejar alguna emoción. Siendo honestos, él ya debería estar acostumbrado, lo que el tiempo no curó en años, difícilmente podría cambiar ahora.
—Hey —repitió él, actuando como el incompetente que era. 
Cada mirada, cada gesto, cada paso que ella daba le dolía a Dan todavía más; sabía que internamente lo culpaba y lo merecía por supuesto, pero el sabor de su reproche lastimaba como nada. 
—¿Qué tal?
En su pecho, el incierto agujero que se negaba a sanar lo torturaba, Daniel sentía la piel de esa zona ardiendo en carne viva, como si un nido de cuervos tuviese asilo en ese rincón oculto de su ser, casi podía verles lamiendo sus picos, mientras engullían su corazón. 
—Aceptable, ¿Qué hay de ti?
—Lo mismo digo.... Es bueno verte —, susurró. Eso fue seguido por un incómodo silencio, que sólo se hizo más incómodo aún. Observó su cabello, firmemente atado en un peinado que se vería a la perfección en una mujer de setenta o más, y mientras sus ojos se esforzaban en conseguir un poco más de ella, fue inevitable evocar a la chica de antaño, ostentaba un cabello largo y rebelde, de un negro tan oscuro que rivalizaba codo a codo con la plenitud de la noche. Recordó lo bien que se sentían esas hebras sobre su piel,  acariciando su boca y la urgencia en su pecho se acrecentó.
Ella dio un paso, dispuesta a seguir de largo; pasándolo de él, tal y como había hecho los últimos dieciocho meses.
—¡Espera! —la urgencia escapó de su boca, casi al instante en que su mano capturó la de ella. Por un único segundo, ambos contuvieron el aliento; una estrella pudo haber caído o el mar fundirse, y  él hubiese seguido así: sentado un escalón por debajo de ella, del mismo modo que parecía dictaminarse lo que quedaba de sus vidas.
—¿Por qué?
—¿Me preguntas el porqué? —, la voz de ella decayó y fue envuelta en un sollozo, Su mano estaba temblando bajo su toque y Dan se apresuró a retirarla, lo último que deseaba era dañarla. De ser posible, hubiera matado por ella, quiso hacerlo… Por supuesto, también en eso era un inútil.
Melissa simuló distraerse con su chaqueta de mezclilla, jugando con los botones que ya estaban perfectamente abotonados. Él se maldijo al instante, sintiéndose repentinamente fuera de su cuerpo; un completo extraño ajeno a toda posible emoción y nuevamente, incapaz de decir algo que no empeorase aún más la situación.
Pestañeó desesperado, no importando que las lágrimas se escaparan, aferrándose a cualquier indicio para llegar a ella, pero teniendo plena certeza de que hiciera lo que hiciera, Mel igual lo apartaría.
La escuchó jadear, justo a tiempo para verla desviar la mirada hacia su cuello y supo exactamente lo que estaba viendo…
Una oleada de vergüenza lo sacudió con la piedad de mil demonios, cubrió con su mano el chupetón, que sabía ella acababa de notar.
¿Qué palabras decir? ¿Qué excusa argumentar?
Parecía ser que cada intento por escalar hacia la salida de aquel pozo, no hacía sino enterrarlo más profundo y de paso… Arrebatarle el oxígeno. Si tan sólo pudiera encontrar el camino para transitar de vuelta a su corazón y ganársela de nuevo.
Quiso decir algo, pero una mentira no lo salvaría, no necesitaban engañarse. No estaban juntos, ya no más. ¿Entonces, por qué era incapaz de dejarla?
Un hilo cristalino de deslizó por la mejilla que tanto anhelaba tocar y Daniel creyó verlo todo en cámara lenta: su iris luchando por no ahogarse en aquel río de autoculpa, las pestañas rebelándose e intentando ser discretas y por último,  pero no menos importante; esa brisa de determinación pura enmascarando su dolor: boca tensa, mandíbula altiva, todo en ella parecía ir bien… Menos sus ojos, ellos nunca fueron capaces de mentir y fue esa la razón por la que no pudieron estar juntos.
Sabía que se iría, ¿Qué conseguiría mintiéndose? Él mismo le había quitado los deseos de luchar, de intentar. No había sido capaz de cuidarla y se tenía merecido su rechazo, sólo que era demasiado doloroso oírlo salir de sus labios.
—Mel…
—No sé decirte la razón —insistió ella, siendo tan fuerte como se podía ser en una situación así, como si las lágrimas en su rostro no fueran nada, como si no hubiera sentido asco en cuanto él la tocó, como si él no la amara más que a nada en esta vida.  
Y como si aún fuera posible… la admiró todavía más; extrañándola como nunca antes pensó hacerlo. Estaban a un pelo de tocarse, y sólo Dios sabía los deseos que quemaban en sus manos, en su boca, su nariz extrañando a cada segundo poder perderse en el calor de su cuello y respirar de aquel perfume tan natural y femenino.
Deseó tocarla, intentando localizar aquello que habían perdido hace tiempo.
—Yo…—se detuvo, con sus ojos azules inyectados en sangre y esta vez el deseo lo acorraló cual laberinto en noches sin luna, urgiéndole una cura. Él quiso tocarla como solía hacerlo antes, acunar su rostro entre sus manos y respirar contra sus labios un te amo, pero no pudo… La impotencia aún dolía en sus nudillos.
—No la sé —confesó, observándolo directo al rostro, con una lástima que fácilmente se podría confundir con la ternura.
—Perdóname.
Él negó sonriendo, disipando la idea de que había dado demasiado sin pedirle nada a cambio y concluyendo que ya no había razón para soñar.
¿De qué le servía la vida sin ella?
—Comprendo…—mintió, suplicando porque ella se acercase y envolviera ambos brazos sobre su cuello, que le dijese que aún quedaba algo de él en su interior.
«Perdóname», sus palabras continuaban ahí, presentes igual de palpables que el agujero en su pecho, los cuervos ahí parecían no tener suficiente y una vez corroído su corazón habían pasado a devorar su alma.
El timbre sonó, recordándole que existía algo llamado clases, reunió el valor suficiente para encaminarse hasta el salón, con la certeza de que esa noche una botella de ron y su dosis diaria de marihuana le ayudarían a suavizar el peso de su conciencia.
Tristemente comprendió que la había perdido antes de siquiera tenerla…
Más duro aún fue la certeza de que se merecía perderla.


Benjis: Billete de cien dolares, en donde aparece la imagen de Benjamin Franklin

23 comentarios:

  1. dios, liss vos estas espiandome.. ay mucha casualidad.. estoy llorando :S
    a pesar de eso... me encanta, lo juro!
    espero el prox..
    besito
    te adoro
    Mel

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  2. Me encanto, es un capítulo intrigante que deja una sensación de curiosidad a mil.
    Es diferente y me gusta, las comparaciones son malas pero de todas está me deja más intrigada.
    Sin contar que siento un pensamiento diferente y una mejro muestra de lo que puedes dar en escritura.
    Espero pronto el proximo capitulo.

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  3. mARAVILLLOSO CAPITULO MUERO POR LEER EL KE SIGUE PRONTO BESITOS...

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  4. Mi corazoncito esta roto, lo juro, tanto dolor.... Dios no puedo simplemente no puedo, cada línea me estruja el corazón Me siento impotente pffffff T_T T_T

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  5. Hola Liss... aca paso por tu nueva historia...

    La lei susurrando todo el tiempo, no se, como que me dejo mucha intriga, quiero saber q paso, que hizo Dan tan terrible? cual es su historia con Mel??? siento tanta pena, senti su sufrimiento, describiste todo tan bien que ahora necesito irme a leer alguna comedia porque sino voy a andar emo todo el día... jaja

    Espero el proximo capitulo comiendome las uñas!!!

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  6. holaa Liss...guauuu qquede en shockk y llore ya con el primer capiii no me quieroo imaginar lo que se vieneee...que hizooo Dannn?!! por que se pelearonn!!! que paso entre el y melisa para que ambos esten tan destrozadosss ...estuve espectacularrr yy bueno quieroo saber cual es la historiaa de Dann es que se me hace que estaa tan rotoo por dentrooo ...besotes y nos leemos en el que sigue!!adios!!

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  7. OOOh que puedo de cir LIIIISS!!!!!!!!!!!! OMG!!!!!!!!!!!!!!! NIñaaaaa que te tomas? avisame.. Me quede *O*WTF!!! que paso entre Mel y Dan?? quien es la chiquilla que se le parecio a Mel... poruqe se sepraraon Oh YA quiero saber mas .... lista con otra adiccion esto es como el trago un solo no basta

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  8. Me haces llorar... yo lo dije me sacaria lagrimas... hermozoo gran historiaa es de mis favoritas!!

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  9. ohhh cada vez me sorprendo mas niñas tienen tantos temas jejejeje es un olacer leer cada historia besos y las sigo

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  10. Me encantoooo!!!! ya quiero saber que mas sigue y q esta pasando con esos dosss!!!!!=) ya qiero mas!!!!:D

    P.d:Aunque ya comente no importa jejeje:)

    Nany...

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  11. me gusta, sigo sin entenderle pero me gusta

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  12. todo esto es tan doloroso!!! tengo ganas de llorar y no tengo la menor idea de qué paso entre ellos!!! quiero ir descubriendo todo!! es tannn... wauw!!!

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  13. mmm, leo que no soy la unica que se siente triste con
    este cap.
    que habra pasaso entre Mel y Daniel es mi primera incognita! se sabra pronto?

    Saludos :)

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  14. Me ha encantado el capitulo, la forma en la que esta escrito te da una sensación triste y dolorosa, me ha gustado mucho, tengo una teoría de lo que ha podido pasar entre ellos... (aunque no muy solida) pero bueno, me voy a leer el siguiente a ver si se aclara algo.

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  15. !Ahhh! :suspiro Que historia mas intensa, de verdad que me mato el corazón, hay tanta certeza en algunas partes que puedo tocar con mis dedos la verdad en ellas.

    Hermoso liss que puedo decir nueva droga nuevo vicio Hermoso seguiré leyendo y comentando

    pd: milagro comencé del principio xD!

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  16. Nuestrotintero8:25:00

    Que linda mi Mistiks, gracias por leer mis locuritas.

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  17. Nuestrotintero8:26:00

    No, es sabe bien entrado en la novela

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  18. Nuestrotintero8:26:00

    es muy melancólico.

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  19. Nuestrotintero8:27:00

    A veces es peor no hacer nada.

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  20. Nuestrotintero8:28:00

    Gracias Rosary!

    Que honor bella!

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  21. Hola!!!!!!
    A casi un año de su publicacion....
    Bueno... es interesante.... quiero saber como se llama la chica del sosten rojo.... no preguntes es curiisidad....
    Mel... mmmmmmmm seguire leyendo antes de hablar de ella.....
    Y Dan... Drogas...... Ron y marihuana..... (estoy recordando algo)......

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  22. Ashley Bernardi20:47:00

    me siento en un lugar lleno de solo tinieblas cn este cap..ahhh pero como me gusta el misterio...seguire leyendo 
    q habra sucecido entre ellos?? y la pregunta de siempre.. por que??

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  23. Adiccion19:38:00

    Me siento totalmente como una intrusa en esta historia, pues parece ,no, parece no, hay un secreto que yo no sé, y eso me intriga y me ¡desespera!. Espero saberlo pronto pues me estoy devanando los sesos por saberlo. Besos...

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Deja que fluya...