jueves, agosto 23, 2012

Under Breath - Capítulo 10

David
¡Capítulo dedicado a Sony Fi, que cumplirá años mañana. Besitos loquilla!

—Dime que estoy en casa —murmuró en cuanto abrió los ojos.
—Por supuesto que estás en casa, tonto —dije mientras lo arrastraba fuera de esa madriguera a base de basura. Él no se quejó por el movimiento, pero supuse que debía dolerle. Quiero decir, se había enfrentado a un ángel. También yo, si viene al caso, aunque no estaba segura si lo que había ocurrido entre Miguel y yo podía considerarse una pelea.
—¿Te duele? —quise saber. Tenía un extraño presentimiento.
—Qué va, sólo estoy un poco cansado. A todo esto ¿te has visto al espejo? Por la forma en que luces, haces que piense lo peor.
Iba a responderle en serio, pero luego me percaté de la sonrisa que se insinuaba en su boca. Estúpido demonio descarado.
—No me lo puedo creer, ¿de verdad vas a bromear en un momento como este?
—Siempre es un buen momento para la diversión.
—Estuviste a solas con un ángel durante horas —también yo, aunque fue menos tiempo, mucho menos, pero no venía al caso. Lo de Miguel y yo era diferente y el hecho de que me hubiera dejado vivir pues… Era algo que pensaría más adelante, ahora lo que me importaba era Eb— ¿Qué sucedió?
—Ya sabes, lo de siempre.
Me crucé de brazos y lo solté, Eb cayó inmediatamente sobre el suelo, como si se tratara de gelatina. Solo entonces reparé en lo débil que estaba, algo parecido a la preocupación se instaló en mi pecho, pero no dejé que él lo notara, si lo hacía tomaría parte de mi debilidad y la usaría a su favor.
—¿Y bien? —esperé.
—Un poco de esto y aquello.
—¡Eb! Sé serio, pensé que morirías.
—Vaya, eso es curioso, pensé lo mismo —. Le di un puntapié y un trozo de mi pulgar se salió, ambos soltamos un alarido.
—Tonto, hablo en serio —reclamé mientras me sobaba la piel, paralelamente Eb intentaba arrastrarse con sus codos hasta el sofá de cuero y a duras penas consiguió apoyar su cabeza sobre éste. A continuación desvió la vista hasta mi pie y comenzó a subir: por mis piernas, mi cintura, todo mi cuerpo destrozado hasta que dio con mi rostro. Ahí torció el gesto como queriendo decir "Estamos tan jodidos" y recién ahí abrió la boca.
—También yo.
Aquella confesión me dejó estupefacta. No esperaba que admitiese su temor, en realidad, no nada remotamente cercano a la verdad. Así que en lugar de permitir que sus palabras hicieran mela en mí, me fui por la tangente.
—¿Y?
—¿Y qué?
—¿Qué quería?
—Ah... Nada. Bueno, nada serio —se corrigió al ver que enarcaba mis cejas sin creerle nada—. Le debía dinero de una partida de Póker.
—¡Maldito seas, Eb!
El me envió a volar con un gesto de su mano.
—¿Tienes negocios con ángeles?
—Al parecer, no por mucho tiempo.
Pero eso no era lo que me importaba. ¿Eb de aliado con los ángeles? Estúpido hijo de Satán, si Lucifer se llegaba a enterar estaríamos muertos, no sólo él, también yo por estar bajo su mando.
En el infierno se trabajaba así, morías tú y todos los que estaban a tu cargo y eso sin mencionar a Dios.
Infiernos, estaríamos metidos en un gran lío si El Creador se enteraba.

De vuelta en el instituto, todo seguía igual. Entiéndase por igual: asquerosamente aburrido. Por su parte, Eb seguía sin querer referirse a los sucesos del día anterior, bueno en realidad, no había querido referirse a nada en general. Me había cerrado la puerta en la cara cuando lo había seguido hasta su habitación para sacarle más información, el hecho de que se mostrara tan reacio a hablar del tema, solo servía para aumentar mi no digamos preocupación, pero me incomodaba. Tampoco había preguntado por mi estado, que hay que decirlo, no era el mejor.
Generalmente me ofendía su falta de preocupación, pero en esta ocasión lo había preferido porque, bueno yo sólo no quería recordar nada que tuviera que ver con cierto personaje alado.

—Me encantan tus aros. ¿Son de acá o los trajiste de fuera?
Aumenté el volumen del Iphone que había robado en una de mis salidas de caza y volví a acomodarme los audífonos, sólo por si a Ámber no le había quedado claro que no me interesaba oírla.
Eb había insistido en que volviera a clases. Para ser franca, después de lo de ayer no me quedaban muchas ganas de continuar esta caza en particular.
Era lo suficientemente lista para reconocer un problema a kilómetros y asumir mi derrota cuando éste me quedaba grande, pero parece ser que me encontraba dividida en dos opciones.
Porque una parte de mí estaba furiosa, la otra muerta de miedo.
—Cali, mira quién te está mirando —reprimí la necesidad de vomitar en su rostro, cuando me di cuenta de que era David quién estaba con sus ojos fijos en mí. Caray, esto podía ser algo bueno. Tal vez no consiguiera su alma, pero al menos podría darme el gusto de joderle un poco el plan a Miguel... lo que sea que estuviera tramando.
—Gracias Ámber.
—Es Ámbar —corrigió con una sonrisa tensa— Supongo que te confundiste.
—Sí, claro.
Me percaté de que junto a David había un chico regordete, sus majillas estaban encendidas y no parecía encajar. Rayos, presa fácil.
Esperé que la clase pasara lenta, pero para mi sorpresa se me hizo bastante corta, tal vez se debió a que las miradas furtivas de David se repitieron una tras otra o a que el regordete parecía encogerse en su silla cada vez que le prestaba atención. De una forma u otra, cualquier indicio de debilidad había quedado sumido en cenizas después de esta sobredosis de emoción.
Humanos, tan condenadamente inútiles y a la vez vitales para uno.
Casi al final de día, me encontré con el humano que me había valido tantos malos ratos y fue casi ridículo lo bien que terminó mi día, porque por increíble que parezca me sonrió mientras se acomodaba sus lentes, a pesar de que estaban perfectamente montadas. Lo atribuí a su nerviosismo, lo que me sentaba genial.

—¿Te acompaño a casa? —se ofreció. Seré sincera, el chico hizo su mejor esfuerzo para no tartamudear, pero de alguna forma los nervios pueden hacer cosas como engrosar la lengua de los humanos, no en el sentido literal, pero les dificulta bastante a la hora de hablar.
—¿En serio? —procuré que mi voz brotara aguda, la mezcla perfecta entre nerviosismo e inseguridad, todo una bomba al corazón para un chico tan poquita cosa como este.
—Bueno... —tomó un respiro hondo y procedió a quitarse los lentes. Querido infierno, este chico tenía que hacer algo con sus manos o terminaría por quebrar esos pobres cristales. Tuve esta idea un poco cruel de pescar sus manos y ponerlas encima de mis pechos, sólo por curiosidad, quería saber qué haría. ¿Comenzaría a babear o se alejaría consternado como si estuviera sucio?
Mmm...
—He estado pensando —soltó él de repente, aprovechando de tomar distancia, como si intuyera las maquinaciones de mi mente. Lástima.
—¿Sobre qué?
—Bueno, ayer mencionaste algo sobre necesitarme —dicho esto, avanzó tan rápido que me dejó atrás. Muy bien, el chico podía hacer cosas como soltar una bomba y dejarla a una con la palabra en la boca.
¿Estuve subestimando al pequeño David?
—¿Ayer? —en realidad me había parecido más tiempo, siglos, para ser exacta. Con todo el asunto de la cacería con esa parejita caliente en la habitación, mi noche había empezado pues algo «agitada». Y eso sin mencionar a lo que me esperaba cuando llegué, Eb y el ángel eran algo difícil de olvidar, luego me había trasladado al otro lado del mundo donde ni siquiera era de noche, pero yo necesitaba paz, incluso un poco de sol, pese a que sólo me recordaba lo lejana que estaba del cielo. Entonces había aparecido Miguel enviando toda mi paz a la mierda.
Vale, admito que ser frita por la lluvia no es el mejor ejemplo de paz, pero oye, una chica tiene derecho a ser optimista.
Incluso si esa chica es un demonio sin alma, hambrienta de emociones y sin nada que perder.
Corrí hasta donde David iba, me había sacado casi medio metro de ventaja y estaba punto de cruzar la entrada de nuestro instituto. Fui consciente de algunas miradas, pero sólo me importaba una. Era la morena que se sentaba a su lado en clase de Inglés, Sony, me recordé. Había averiguado todo sobre ella, no era rival para mí, pero todo depredador debe ir al menos dos pasos por delante de su presa y veinticuatro horas atrás, David era la mía. Pero Miguel lo había cambiado todo.
Una rabia irrefrenable me invadió cuando recordé el día de ayer, esa voz capaz de congelarme, pero también llena de suavidad. La voz de un ángel. También me sacudió otra emoción, pero no era mía, sino de afuera, Sony, reconocí de inmediato sus sentimientos.
Bien, esto era ahora o nunca.
Acaba de alcanzar a David, lucía incomodo, todavía nervioso, no más bien expectante. Así que, para darle un empujoncito agarré su mano entre las mías y recosté mi cabeza en su hombro mientras caminábamos a la salida.
Vaya, al parecer había conseguido novio.
¡Toma esa Miguel!

Mañana edito o más tarde. Me fui a escribir El fin de la inocencia.
P.d: no es David, sólo es la única imagen que encontré de un chico con ojos azules y lentes. En fin. Vuelvo con lo mismo... TENEMOS FORO:
http://nuestrotintero.mejorforo.net/
Besitos y Bendiciones.
Liss.

2 comentarios:

  1. belu_juanes14:51:00

    Hola Liss!!! ahhhh que capituloo esta Cali es tremendaaa!!!! yy Miguel mi angel sexii quiero que vuelva a aparecerr jee!!! gracias por el capitulo!! y bueno al parecer Cali esta haciendo avances con David jee!!!! nos leemos en el proximooo!!!!! adioss!!

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  2. esa Cali...xD 
    :_ seria acosador de mi parte querer volver a ver a Miguel? :) 

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